Vinos con puntos, estrellas o Instagram

A vueltas con las puntuaciones de vinos y su eterna polémica, decía un artículo de Peter Pharos que los puntos Parker tenían su utilidad. El colaborador griego en la web Tim Atkin se excusaba diciendo que el vino no se merecía algo tan prosaico como un número, pero reconocía que servía en momentos de apuro. Si estás ante un lineal duty free en el aeropuerto, hay tres vinos desconocidos con el mismo precio y sólo puedes elegir uno de ellos. El gran éxito de este sistema no era tanto haber internacionalizado un estilo de vinos más carnoso o con más alcohol, sino haber encontrado ese sistema ideal para categorizar vinos aparentemente tan dispares y quedar bien con todos los agentes de la cadena del vino: con los productores que alcanzan 85 puntos, con los que llegan a los 92 puntos y no se sienten cercanos a los del rango inferior, e incluso con la vinoteca que puede lucir un vino con 86 con el mismo orgullo en el escaparate porque el cliente recibe el mensaje que ninguna puntuación es demasiado baja.

En un universo de imperialismo de Wine Advocate, lo que Pharos viene a reivindicar la finalidad de los puntos, pero sin imposiciones por una marca personal, solo encontrar nuevos cauces como los momentos de consumo. Es esencial que que cada profesional tenga claro las ocasiones de compra del vino y el comprador para hacer su trabajo mucho mejor que es vender no categorizar el vino según un sistema único. Informar y vender es el mayor objetivo que debe tener por encima de los puntos, los tecnicismos del vino, o la cata sensorial. Un distribuidor debe informar sobre precios, animar a rentabilizar los vinos por copas, asesorar en las cartas de vinos, o aprovechar la bodega del restaurante. Una vinoteca tiene que ayudar al barrio a democratizar el vino comunicando nuevas ofertas, enfocándose en los tiempos de compra de sus clientes: horas del día, comidas o celebraciones.

La fama de Parker creció como la espuma porque consiguió acaparar el protagonismo del mensaje, el suyo y el del sistema. ¿Pueden los profesionales de cualquier ámbito protagonizar su mensaje basado en sus propias recomendaciones, sus trucos, experiencias o creando tendencias por su trayectoria y conocimiento del cliente? De eso se trata, de informar integralmente desde el campo a la botella, de tomar una ancha perspectiva, o una independencia que le permita conectar y conocer mejor a sus compradores.

Me sorprenden algunos comentarios del usuario sobre los resultados de James Suckling a sus 100 mejores vinos españoles 2016, citado por el blog de Bodeboca. Podemos determinar hacia donde va el respeto por estos críticos y quienes son los nuevos protagonistas de las opiniones: “Es evidente que este critico no prueba la mayoría de los grandes vinos españoles. Bajo mi criterio tendría que aparecer el Bosque Matasnos o Mauro VS, entre otros; No ofrece ni calidad ni imparcialidad, juzga los vinos de toda España y mayormente los que juzga son sólo de una zona; En España hoy existen más de 40.000 marcas de vino y si ha probado unos 800 apenas llegan al 2%; Una vez mas una lista de vinos con precios no asequibles para snobs: que hagan una cata a ciegas y tendríamos muchas sorpresas; Creo que faltan referencias frescas de vinos y bodegas nuevas… “. No hay un sólo comentario que no apoye la lista del americano.

Si leemos los comentarios al ranking de los vinos riojanos por Luis Gutiérrez en marzo de este año, se aprecia también la misma necesidad de sumar los gustos personales de cada usuario a los del corresponsal de Parker en España: “Yo tengo otras añadas y otra bodegas como Lopez de Heredia que para mi gusto serían un 100+, pero bueno es lo que hay, no quiero menospreciar los vinos de Telmo, hace unos vinazos espectaculares, quizás yo sea un “clásico” de Rioja.Con esto que quede claro que no quiero decir que no se lo merezca, pero últimamente están saliendo puntos a diestro y siniestro….”.

Tanta reacción a las listas es un aplauso para los gurús, pero no deja de ser pasto para cientos de nuevas críticas callejeras y opiniones que pasan por convertirse en autoridad. Esta necesidad de foros y debate añade nuevas ideas emprendedoras de Vivino o Detectable que son ya fuente obligada de consulta para conocer un nuevo tipo de puntuación: las estrellas, los favoritos de los críticos y sumilleres, o los comentarios escuetos del great¡ del usuario. El rastro a la app que se denominaba el Trypadvisor del vino fue Wine Demon, que no subsistió demasiado tiempo dependiendo curiosamente de una distribuidora de vinos que nació como un crowfunding de pequeños elaboradores: Naked Wines.  Pretendió ser un buscador de locales donde se podía conocer por geolocalización algunos vinos catados por gente cercana a tu ubicación. Lo llamativo en esta herramienta con potencial era que los usuarios acostumbrados a comprar vinos de supermercado, valoraban por encima a vinos como Yellow Tail Shiraz en un 85% de las ocasiones, por encima de un Château d’Yquem o un Rioja Alta Gran Reserva 1994.

Lo que  obligaba a discernir en este tipo de apps con volumen de descargas es a diferenciar entre dos tipos de consumidores de vinos: el que siempre puntúa mejor el vino que conoce y no prueba otra cosa, con un tope de precio, y el que profundiza en vinos más caros con las consabidas especificaciones y catas, que se parecen a los comentaristas de las webs sobre los gurús ya citados. En las medias ponderadas de los ranking de este tipo de apps siempre figuran por arriba los vinos más populares, pero hay que ser conscientes de que apps como Vivino tienen más de 25 millones de descargas en el mundo. Como ocurre en Instagram con las fotos de recomendaciones de botellas más impactantes, fotográficas y llenas de luz, escenarios, color, felicidad, creatividad y fantasía, lanzados por influencers y aficionados a los momentos, las fiestas y los eventos. ¿Son todos los consumidores? No. Algunas apps como Plonk del grupo inglés Bibendum lo han sabido sacar partido para vender de manera más divertida su porfolio de vinos como distribuidora, y de paso dar voz e imagen a sus fieles.

No caigamos en la tentación de creer que la democratización de estos vinos en las redes sociales se impone al trabajo informativo completo de los profesionales. Ni que la de los segundos debe imperar a la de los primeros. Me quedo con un sano diálogo entre ambas figuras, como sucede en estas nuevas apps, y que los distribuidores y bodegas conviertan los vinos en conceptos más funcionales, en ocasiones y momentos que superen el imperio de los datos científicos, los puntos, o las dictaduras de estadísticas incompletas. Algunos de los logaritmos de webs como GlobalWinescore.com son usadas por Vivino. Puro algoritmo pero animado por los escaneadores de etiquetas.

No hay bebedores de primera o de segunda, conocedores o neófitos, cielo o infierno. Hay maneras de agrupar la información, pero esta debe ser lo más completa posible, lógica y emocional, racional y creativa para que sirva para motivar a la compra. Eso supone el progreso. ¿Eres de puntos, estrellas o de fotos?

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