Cómo Robert Parker puntuaba vinos hace 30 años

De cómo Robert Parker era testigo de los cambios del vino y empezaba a generar sus primeros rankings y sus 90 puntos, es lo que refleja el artículo del bloguero Blake Gray en su premiado The Gray Report. Releyendo la guía Wine Buyer’s Guide de 1987 como pieza de museo del crítico americano, se fija en las puntuaciones de los vinos Château Le Pin (81 puntos), Ridge Vineyards Cabernet (75) y Heitz Chardonnay (55).

“En esos años Parker adelanta su gusto por los vinos más potentes: “Lanessan produce vinos de estilo rico, majestuoso, nuevo, sin demasiada finura pero que compensa con potencia y persistencia en el paladar”. Algunos vinos presentaban defectos y a Parker no le duelen prendas en bajarlos a 55 puntos, un esfuerzo por impulsar la calidad de las bodegas. Dominan los vinos de 75 puntos en una época donde la recogida de la uva era más temprana y no se apuraba tanto la vendimia y no existía la viticultura de precisión. Los vinos habituales que se bebían sin hacerles ascos nadie eran los de 70 puntos. A los que vinos que da 80 puntos eran muy buenos:

Me ha gustado la bodega Foppiano, nunca alcanza los elogios que se merece (6 vinos entre 83 y 85 puntos)”. El Fumé Blanc de J. Lohr se comporta enorme en las catas gracias a su frescura, enorme fruta y fondo herbáceo, muy equilibrado y concentrado (84 puntos)”. Lo que sorprende es que califique con 87 puntos a un espumoso fácil como el moscato (Louis Martini).

Los 100 puntos los reserva el crítico americano para Pétrus, Mouton-Rothhschild y por su inclinación hacia los vinos del Ródano: ola a La Landonne de Côte-Rôtie. Entre los vinos privilegiados con 90 puntos, aparecen ocho bodegas de California en la misma posición que los vinos franceses.

Un poco más adelante en octubre de 1989 se le hace una entrevista a Parker en Wine Times donde explica sus sistema de puntuación basado en los 50 puntos y no en los 100. “Doy 5 puntos al color y 15 por el aroma, un máximo de 20 puntos sobre el sabor, el equilibrio y la largura (40 puntos). El resto lo añade la capacidad de envejecimiento en botella. Los vinos blancos reconoce que no alcanzan altas puntuaciones porque apenas duran diez años sólo en el caso de algunos borgoñas. Los tintos, en cambio, llegan a los 15 años y los burdeos pueden alcanzar los 25″.

Hoy en día cuando ya no tenemos vinos con defectos y cuando la puntuación más baja es de 80 puntos, hay que plantearse si hay una valoración demasiado laxa a favor de los vinos para beber para consumo rápido. Precisamente nuestros vinos de más de 85 puntos: complejos, estructurados, llenos de fruta y con la madera justa eran los vinos de 90 que calificaba Parker, pero sin embargo, han perdido esa capacidad de longevidad que defendía Parker entonces. O al menos está por ver si las nuevas técnicas para oxigenar y reducir los tiempos en madera y botella del vino pueden darnos en unos años las mismas satisfacciones y sorpresas que los míticos. Y queda preguntarnos entre tantas cuestiones: ¿cómo puntuaría Parker en los 80 los vinos naturalistas tan en boga? ¿Entre los del pelotón? Creemos que ni siquiera se plantearía una discusión sobre su calidad, o sobre la tendencia ecologista o vintage que representa.

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