Cómo se innova: el caso La Rioja Alta S.A

Escuchaba hace tiempo al nuevo director de marketing de la bodega La Rioja Alta S.A., Eladio Araiz, un emprendedor vinícola y buen enamorado de la estrategia de marca, sobre las propuestas innovadoras imperturbables que sostenían a la bodega del Barrio de la Estación desde 1890. Cualquiera se echaría las manos a la cabeza: “Pero si los clásicos nunca mueren, sólo hace falta reposicionarlos y aportarles unas dosis de creatividad…”. Pues nada de eso.

Casi todas las bodegas que sobreviven en estos tiempos y siguen alcanzando el cénit en la elección del consumidor, miran como objetivo prioritario hacia el futuro, no hace falta echar la vista al ranking 2016 de mejores empresas innovadoras 2016: Buzzfeed o la revolucionaria Facebook. Ambas han creado un nuevo género. La primera es un nuevo género de comunicación que filtra información a tu medida, la segunda se mantiene en el estado de eterna start up escuchando al cliente. Lo que las une como adelantadas a su tiempo son sólo dos cosas:

  1. Crear un a nueva cultura creando entornos para que el cliente, el producto o los procesos no paren de evolucionar.
  2. Son capaces de comunicar y colaborar con otras empresas, dando soluciones a nuevos problemas.

A la vista de estos modelos, ya está bien de pensar en que en nuestras bodegas o negocios vinícolas la innovación se relacione con los mejores resultados financieros y un buen riego de inversiones. Tiene que ver con otras cosas más mundanas también intangibles ante las que nuestros proyectos consolidados de bodegas deben pararse a pensar:

  • Qué dicen nuestros compradores, distribuidores o consumidores ante nuestros vinos-bodega-marca.
  • Qué partes del mercado no atendemos mientras que los vecinos si lo hacen.
  • Qué canales de venta nuevas y alternativos al Horeca, a la venta directa, a internet, a los nuevos medios de comunicación y a la difusión de nuestras noticias y vinos podemos sacar partido.
  • Cómo podemos relacionarnos de distinto modo con nuestros clientes-proveedores.
  • ¿Se nos ocurren nuevas fuentes de ingresos que no sean las habituales?
  • Qué socios y otras relaciones nos pueden aportar nuevas propuestas.

Puede parecernos que la casa del Viña Ardanza no es prototipo más que de clasicismo y golpe de fama riojana con el valor añadido de tener una corte de accionistas y grandes clientes del club de cosecheros. Pero a lo que debemos prestar atención no es al desembolso económico que sigan haciendo, sino a que esta bodega es una fuente de renovaciones constante desde que nace. Lo que les ha llevado a agotar sus grandes reservas 890 y 904 a final de cada año cuando los estudios de mercado hablan de qué crecen y crecen otros vinos más vivaces y baratos. Pues hay nicho.

Como Eladio Araiz apuntaba, 500 años de historia no debe ser un peso. Se trata de alimentar la marca para que siga estando viva y plagada de noticias. Un común denominador con su presidente, Guillermo Aranzábal, un motor de buenas ideas que mantiene a la familia y la discreción como valores de la bodega. Con el handicap que es una marca que partiendo desde cero no se alimenta de premios ni puntuaciones, sólo las que envían sus distribuidores. Semejante misterio les ha hecho obtener sin querer por su Gran Reserva 890 del 2004 los 98 puntos en la Guía Peñín 2017. El mejor rioja es una Gran Reserva, y eso es cambiar los clichés de la antigüedad por convertirse en rabiosamente moderno.

Hacemos un repaso por sus principales novedades desde hace más de un siglo, que nos sirven de pautas para nuestros proyectos. No se trata de innovar sólo en hacer buenos vinos, sino en todas las áreas:

NUEVAS REDES-RELACIONES. La visión de exportar los vinos les hizo ganar el oro en la Exposición Colombina de Chicago (1893). Se inventan asimismo el Club de Cosecheros en 1976 como cava de mejores añadas, pero también de grandes amistades. Así empieza el fenómeno Viña Ardanza y el deseo de comprar barricas antes de que salgan y de esperar el tiempo que haga falta para que se terminen de redondean en botella.

EXPRIMIR GANANCIAS. No nos metemos con las cifras, pero en momentos de plena crisis, La Rioja Alta era la tercera más rentable de Rioja con sus vinos de alta gama, qué paradoja, ¿no? A largo plazo con las inversiones pero también aportando riqueza social. Poca aficionado sabe que el 1% de los beneficios del proyecto apellidado Viña Ardanza Solidario se destinan (más de 100.000€) a proyectos de agricultura destinados a Tanzania, Congo o Mali, por el que ha recibido el año 2016 el premio como Empresa Social, que viene a sumar más de 700.000€ a proyectos de cooperación internacional.

PROCESOS MÁS ÁGILES. En todos los procesos de viticultura y enología es un dechado de tecnología bien meditada. La maduración de las uvas se controla por satélite para conseguir vinos en su punto de redondez para soportar las largas crianzas. El lavado y desinfección de barricas fue un sistema pionero del que aprendieron otras bodegas riojanas. Torre de Oña es su bodega boutique en Labastida a la que se ha insuflado de una fuerte inversión de dos millones de euros para su renovación: desde La mesa de selección óptica que permite el escaneo digital de cada grano, al transporte de la uva en Ovis o pequeños depósitos de 2.000 kilos en grúas que elimina la fase de estrujado y bombeo.

VINOS PIONEROS. La marca Haro fue la primera marca privada para hostelería, con nombre suprarregional, un vino para contentar a la hostelería y que puso a Haro en la misma línea que Paris y Londres porque aquí se instaló la primera red eléctrica. Desde 1942 nace la estrella Viña Ardanza como espíritu modélico del reserva, de esos vinos reservados que tenían los bodegueros y que salieron a la luz.

UNA ESTELA DE VALORES. La primera mujer en dirigir una bodega riojana en aquel tiempo fue Saturnina García Cid y Gárate. La comunicación de la bodega a través de los enólogos y un blog de empresa es un ejercicio de transparencia. La colaboración con la Fundación para la Cultura del Vino es una señal de su deseo de aportar a la investigación y la cultura.

UNA MARCA CON PORFOLIO. Su marca de reservas y grandes reservas (Arana, Alberdi, Ardanza) es buque insignia con origen La Rioja Alta desde que en los años 70 la bodega apuesta por salirse de la tangente de los vinos comerciales y más productivos para convertirse en hacedora de vinos con personalidad. Para eso, apuestan como nadie por la calidad de la fruta y las largas crianzas y reservas en botella. Para no quedarse del lado de los gustos más contemporáneos, siguieron su línea de experimentación con los vinos más concentrados y menor crianza en la bodega alavesa Torre de Oña. Su línea de productos se amplia con un albariño premium, el famoso Lagar de Cervera o los riberas Áster de La Horra.

Que nadie se crea que esto de innovar tiene que ver con la cultura del non stop. Tiene que ver como bien demuestra La Rioja Alta en pararse a pensar porqué hay productos que hay que mantener a pesar de otras corrientes más tendenciosas. En los vinos sin tiempo está la solución, o como ellos han comprendido, en ofrecer al cliente el milagro de respirar tiempo y apreciarlo con un vino de largos tiempos de inmovilizado y complejidades que sólo puede ofrecer los matices del tiempo. El auténtico valor de esta marca es embotellar al máximo la riqueza del tiempo y llamarlo de muchas maneras. Ese bien que se nos escapa.

¿Crees que hay otras maneras de innovar en nuestras bodegas? Las ideas no tienes límites, sólo hay que ejecutarlas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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One comment

  1. Enhorabuena, Maite, excelente artículo de una de las mejores bodegas del mercado vinícola español.
    Estoy convencido que por su filosofía enpresarial seguirá siendo muy importante, pues la dirección y su equipo trabajan con profesionalidad y pasión por engrandecer sus vinos.
    Felicidades!!

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